Comunicación efectiva para potenciar mis relaciones. (II)

En este punto  volvemos a hablar sobre asertividad y comunicación, pero esta vez centrándonos en la pareja.

La comunicación es uno de los pilares básicos en los que se sostiene una buena relación de pareja, y uno de los primeros indicadores de malestar en la pareja suele tener que ver con la mala comunicación entre ambos.

Malentendidos, poca habilidad para entender o escuchar al otro, problemas para expresar nuestras opiniones o sentimientos, sentirnos juzgados o atacados por nuestra pareja, sentirnos incomprendidos, etc. Los problemas de comunicación pueden llevar a una desconexión total entre ambos, incluso aunque lo que quieran es estar cerca el uno del otro: malas habilidades de comunicación acaban por provocar lo contrario.

Muchas veces el error está en mantener una postura de enfrentamiento en lugar de una postura de equipo: cada uno se aferra a su argumento, queriendo «tener la razón», sin escuchar ni empatizar con el otro.

Otras veces puede pasar que se den cosas por supuestas y no se comuniquen nuestras necesidades, deseos, etc. Pretendemos que el otro adivine,  «tendría que saber» cómo me siento o lo que necesito, simplemente porque «nos conocemos mucho». Pero este razonamiento como mínimo es erróneo: no podemos leer la mente. Hay que hablar y expresar claramente nuestras necesidades, sentimientos y lo que esperamos del otro.

Trabajar una buena comunicación asertiva y buena conexión en la pareja es fundamental.

A continuación analicemos algunos elementos  al respecto:

Claves para la comunicación afectiva efectiva:

  1. Es más apropiado hacer una petición o una sugerencia, que una crítica o una orden. Los imperativos y las críticas directas resultan agresivas y generan una postura a la defensiva o de ataque. No es lo mismo «¡Pásame la sal!» que «¿me podrías pasar la sal?”. Ni «¡Déjame hablar!» que «Me gustaría terminar de explicarte esto sin interrupciones». El tono por supuesto también es importante.
  2. Es preferible hacer preguntas en lugar de acusaciones. Los reproches o acusaciones son ataques directos que sólo desencadenan defensa, y no llevarán a ningún lado. Es diferente, aunque signifique lo mismo, decir «¿me estás escuchando?» que «¡otra vez no me estás escuchando!»
  3. Es preferible hablar de hechos concretos, de lo que la persona «hace», evitando poner etiquetas de lo que «es». Las etiquetas no ayudan a que la persona cambie, más bien lo contrario, dificultan la postura de entendimiento, la flexibilidad y la predisposición al cambio. Además la otra persona puede sentirse juzgada y herida. No es lo mismo: «te has vuelto a olvidar de sacar la basura, eres un desastre”; que: «te has vuelto a olvidar de sacar la basura., últimamente te olvidas mucho de las cosas».
  4. Es preferible comunicar las quejas de manera asertiva, y no acumularlas, ya que producirían un estallido que conduciría a una hostilidad destructiva. Se trata de plantear las quejas o el malestar al momento y de manera asertiva, procurando no herir los sentimientos del otro y buscando soluciones, opciones de mejora.
  5. Es conveniente discutir los temas de uno en uno, no «aprovechar» que se está discutiendo sobre una cosa para sacar otros temas. El ir saltando de un tema a otro impide que podamos resolver los temas y llegar a conclusiones, aprovechar que estamos hablando de una cosa para reprochar otras no ayuda.
  6. Es preferible evitar las generalizaciones. Los términos «siempre y «nunca» raras veces son ciertos y tienden a formar etiquetas. Es diferente decir: «últimamente te veo algo ausente» que «siempre estás en las nubes».
  7. Pensar antes de hablar. A veces la impulsividad puede jugar en contra. Algunas cosas deben pensarse antes de decirse, sobre todo si las consecuencias no van a ser positivas. En medio de una discusión es mejor no tomar decisiones o decir palabras de las cuales nos podamos arrepentir luego, es mejor calmarnos y luego de el sobresalto decidir qué hacer.
  8. La comunicación verbal debe ir acorde con la no verbal. Decir » si ya sabes que te quiero» con cara de fastidio dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.

Es necesario traducir estos principios en conductas y actitudes concretas. Aquí entra en juego la asertividad y las habilidades de comunicación.

 

Es importante fomentar también una buena actitud en la comunicación de la pareja:

Cuidar el tono.

Hablar desde la empatía y el cariño.

Fomentar el enfrentarnos a los conflictos como un equipo: una pareja ha de sentirse siempre como un buen equipo, en el mismo lado, no como enemigos o contrincantes. En un equipo pueden surgir roces o conflictos pero se ha de negociar y resolver los problemas teniendo en cuenta que ambos están del mismo lado.