Destino, casualidad o causalidad.

Hablar del destino puede ser común en una conversación, en la que la esta palabra salta de manera natural acerca de los sucesos que se han dado en nuestra vida y aquellos que no se han dado; por ejemplo, aconsejamos a [email protected] [email protected] con frases como “no estaba en tu destino”, o “así lo quiso el destino”.

Lo cierto es que, cuando decimos estas frases y evocamos al destino, estamos afirmando que creemos que existe un mapa con un punto de llegada sin importar el camino que tomemos. Esto y mucho más podemos aprender sobre el destino, pero antes de seguir: ¿crees en el destino?

El significado del destino

Poder explicar lo que es el destino no es tarea sencilla. Debemos comenzar por aceptar que todas las personas tenemos un sistema de creencias que hacen que veamos y aceptemos lo que es el destino de una manera u otra, por lo que es necesario que estemos con nuestra mente abierta.

Seguramente a ti también te ha pasado alguna vez que, una decisión, o el estar en un específico lugar en el momento indicado, nos llevan a una serie de eventos que no podríamos explicar ni tampoco asegurar que igualmente habrían sucedido de haberlo hecho de otra forma. Algunos podrían decir que es simple casualidad. Pero en un caso contrario, cuando tomamos todos los caminos posibles para evitar “algo” y sin embargo, siempre terminamos frente a ese “algo”, ¿será entonces nuestro destino?

La RAE define destino como: “fuerza desconocida”, encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal, meta, punto de llegada. Esta definición nos da unos criterios para una definición más amplia: el destino es una fuerza que desconocemos, mucho más grande que nosotros que actúa sobre la vida de todas las personas y nos lleva por una sucesión de eventos que son inevitables.

También depende de tus creencias. Desde algunas religiones el destino es considerado un plan de Dios o de la providencia divina; en otras, tiene que ver con el karma. Estos son tan solo unos ejemplos para explicarte que, aún sin conocer a ciencia cierta esa fuerza desconocida que llamamos destino, ha estado presente siempre de una u otra manera en las creencias con las que guiamos nuestras vidas.

Destino, casualidad o causalidad

Pero surge otra pregunta bastante común cuando hablamos de situaciones de las que no nos podemos escapar: ¿es el destino, o se trata simplemente casualidad?

La casualidad se define como la coincidencia de dos sucesos o circunstancias imprevistas debido a una fuerza extraña que no conocemos. Una definición bastante similar a la de destino pues la casualidad no es más que otro sistema de pensamiento y por lo tanto de creencias que, al final, buscan lo mismo que quienes creen en el destino: darle una respuesta a esos sucesos inesperados que de otra manera no podemos entender, explicar o razonar.

La diferencia entre destino y casualidad es que, cuando hablamos de destino, creemos que nuestra historia y los sucesos en ella están escritos en algún lugar que desconocemos desde el momento en el que llegamos al mundo; por su parte, la casualidad le acredita esos sucesos inesperados por los que pasamos a jugadas del azar.

Ahora bien, a esta ecuación sobre los acontecimientos inesperados de nuestras vidas le podemos agregar otro integrante más, la causalidad. La causalidad es otro sistema de pensamiento en el que todos los sucesos de la vida pasan por causa y efecto, es decir, que cada cosa que pasa en nuestra vida, se debe a decisiones y acciones que hemos tomado, por lo que la causalidad nos otorga enteramente la responsabilidad de todo lo que nos pasa

Depende de cada una de nosotras escoger qué línea de pensamiento seguimos para afrontar nuestra vida. Quienes son más racionales, analíticos se deciden por la causalidad mientras que otras prefieren darle un poco más de magia a la vida creyendo en el destino; otras se quedan en un punto intermedio creyendo en la casualidad.

Que tan correctos sea cualquiera de estos conceptos depende de la interpretación de cada quien.

Hace algún tiempo leí un artículo de Borja Vilaseca, en el semanario el País, titulado Las casualidades no existen, que habla precisamente sobre esta temática que es lo que me ha motivado a hablar un poco sobre esto y compartir mi mirada sobre el tema. En particular Borja comenta sobre algunas leyes universales que rigen quizás los acontecimientos y mediante las cuales trata de demostrar la afirmación que le da título a su artículo, que como les decía se titula: las casualidades no existen. Y que voy a retomar porque me parecen súper interesantes y para darle un poco de cuerpo a este tema.

DEL POR QUÉ AL PARA QUÉ

“El caos es el orden que todavía no comprendemos.”

(Gregory Norris-Cervetto)

Estamos tan centrados en nosotros mismo y tan presas del ego, que solemos preguntarnos por qué nos pasan las cosas, en lugar de reflexionar acerca de para qué nos han ocurrido. Y eso que existe una diferencia abismal entre una y otra forma de afrontar nuestras circunstancias. Preguntarnos por qué, es completamente inútil; fomenta que veamos la situación como un problema y esta visión nos lleva a adoptar el papel de víctima, de ahí que nos haga sentir impotentes.

Por el contrario, preguntarnos para qué nos permite ver esa misma situación como una oportunidad. Y esta percepción nos lleva a entrenar el músculo de la responsabilidad. De hecho, esta actitud es mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a intuir –e incluso a ver– el sentido oculto de las cosas.

Es decir que cualquier experiencia, nos ofrece una oportunidad de aprendizaje.

Y esto es precisamente de lo que trata la «física cuántica». En líneas generales, establece que «la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas». Sin embargo, «sólo se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas». Es decir, que ahora mismo, en este preciso instante, nuestras circunstancias actuales son en gran medida el resultado de la manera en la que hemos venido pensando y actuando a lo largo de nuestra vida.

Si hemos venido creyendo que estamos aquí para tener un empleo monótono que nos permita pagar nuestros costes de vida, eso es precisamente lo que habremos creado con nuestros pensamientos, decisiones y comportamientos. Por el contrario, si cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el rumbo de nuestra existencia, cosechando otro tipo de resultados diferentes. El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso para que, a través de un proceso, podamos hacer que muchos sueños se vuelvan realidad.

LA TEORÍA DEL CAOS

“El aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo.”

(Proverbio chino)

Lo mismo nos sugiere «la teoría del caos». Por medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos «permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios». Dentro de estas investigaciones, destaca «el efecto mariposa». Para comprenderlo, lo mejor es hacerlo a través de un ejemplo. Imaginemos que un chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un post-grado en el extranjero. Y que al regresar a casa, entra a trabajar de adiestrado en una empresa.

Sólo un par de días más tarde, aparece una nueva adiestrada –esta vez procedente de la universidad–, a quien sientan justamente a su lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Ha sido un flechazo en toda regla. Y lo cierto es que seis años más tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre.

En el caso de este ejemplo, «el efecto mariposa» estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en un momento psicológico oportuno.

Al observar su historia detenidamente, comprobamos que el joven decidió estudiar un post-grado a raíz de la separación con su ex novia, a quien conoció años atrás en una discoteca.

Remontándonos a esa noche de fiesta, cabe destacar que el chico decidió salir con sus amigos e ir concretamente a esa discoteca tras perder una apuesta. Es decir, que si no hubiera perdido aquella apuesta, no hubiera ido a aquella discoteca y, en consecuencia, no hubiera conocido a su ex novia. Y si ésta no lo hubiera dejado, no habría estudiado el post-grado, que es lo que le permitió entrar a trabajar de adiestrado en aquella empresa. Y fue precisamente este empleo el que le posibilitó conocer y enamorarse de la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Por todo ello, en la historia personal del chico, perder una simple apuesta le llevó a ganar un amor eterno.

LA LEY DE LA SINCRONICIDAD

“Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino.”

(Carl Jung)

Por más que la sabiduría popular como la llaman nos lo haga creer, nuestra existencia no está gobernada por la suerte, el azar ni las coincidencias, sino por «la ley de la sincronicidad». Ésta determina que «todo lo que ocurre tiene un propósito». Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con los ojos ni entenderlo con la mente. Esta profunda e invisible red de conexiones tan solo puede intuirse y comprenderse con el corazón.

«La ley de la sincronicidad» afirma que «por más que en un primer momento seamos incapaces de establecer una relación causal entre los sucesos que forman parte de nuestra vida, todo tiene una razón de ser». Es decir, que «aunque a veces nos ocurren cosas que aparentemente no tienen nada que ver con las decisiones y las acciones que hemos tomamos en nuestro día a día, estas cosas están ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de comprender y de disfrutar la vida».

De ahí que mientras sigamos resistiéndonos a ver la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las circunstancias que hemos creado con nuestros pensamientos, decisiones y acciones.

También nos perderemos la magia y el encanto inherente al simple hecho de estar vivos, un reconocimiento que nos lleva inevitablemente a inclinarnos con humildad frente al misterio y la sabiduría de la existencia. Es entonces cuando comprendemos que no suele sucedernos lo que queremos, sino lo que necesitamos para aprender a ser felices y a dejar de sufrir.

No existen las coincidencias. Tan sólo la ilusión de que existen las coincidencias. De hecho, «la ley de la sincronicidad» también ha descubierto que «nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestra manera de pensar, determinan en última instancia no sólo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias».

 Por ejemplo, que si somos personas inseguras y miedosas, atraeremos a nuestra vida situaciones inciertas que nos permitan entrenar los músculos de la confianza y la valentía. Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos para cuestionar, comprender y trascender nuestra ignorancia e inconsciencia.

LA LEY DEL KARMA

“Cada uno recoge lo que siembra.”

(Buda)

Si bien la «física cuántica», «la teoría del caos», el «efecto mariposa» y «la teoría de la sincronicidad» son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión hace más de 2.500 años. Es decir, alrededor del siglo V a. C. Según los historiadores, por aquel entonces se popularizó «la ley del karma», también conocida como «la ley de causa y efecto».

Si bien es cierto que algunas ramas esotéricas tienden a vulgarizar y banalizar este tipo de teorías, «la ley del karma» afirma, en esencia, que «todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias». De ahí que en el caso de que cometamos errores, obtengamos resultados de malestar que nos permitan darnos cuenta de que hemos errado, pudiendo así aprender y evolucionar. Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, cosechemos efectos de bienestar que nos permitan verificar que estamos viviendo con comprensión, discernimiento y sabiduría.

Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la «casualidad», sino por la «causalidad». Según «la ley del karma», cada uno de nosotros «recibe lo que da». Esta visión de la realidad elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo. Lo queramos o no ver, somos responsables y creadores de lo que sucede en nuestra existencia.

Dicho lo anterior, si te preguntara ahora mismo en que eliges creer: En el destino, la casualidad o la causalidad. Que dirías?

Si me preguntan a mí, yo elijo el camino que me permita avanzar hacia mis metas, objetivos y propósitos en la vida.

Dejar la responsabilidad de lo que me pasa al destino, es no reconocer que puedo dar más de lo que estoy dando de mí. Es como aceptar que algo me supera y listo, prefiero no pelear. Lo mismo ocurre con el  tema de las casualidades. Sin embargo cuando elijo ser yo el protagonista de mi propia existencia, asumir la responsabilidad de los resultados que estoy obteniendo este o no conforme con ellos, me permito aprender e impulsarme hacia adelante, me permito reconocer que puedo dar un poco más de mi para alcanzar aquello que quiero lograr. Así que si, elijo creer en que toda causa tiene un efecto, elijo creer en que soy el arquitecto de mi propio mundo y el artífice de mi existencia, y lo elijo porque me conviene, porque prefiero creer. Es correcta, pues soy de los que cree que no existen las respuestas correctas o incorrectas, así que si lo elijo porque prefiero creer.

Y bueno amigos hasta aquí el tema de hoy, espero que les haya aportado algo de valor.

Quedamos hasta la semana que viene: para seguir creciendo, creando y aportando valor a nuestras vidas. Hasta la próxima.